Ha, que curioso.
sábado, 15 de noviembre de 2008 13:08
.Me encanta ver como la gente siempre te dice que no merece la pena entristecerse por nada, cuando todos, y digo TODOS, somos incapaces de escapar de ello.
¿No cortar las alas? Admitamoslo, el ser humano es malo y egoísta por naturaleza. Es más, eso es algo imposible de cambiar, puesto que solo somos capaces de saber como nos sentimos nosotros, y aunque intentemos empatizar con el prójimo siempre acabaremos por "mover la ficha" desde nuestro lado de la mesa sin saber como reaccionara el otro en su jugada.
Supongo que la única manera de no afectar en los demás es usar el método maquiavélico: "Hay que ser un gran simulador y un gran disimulador"
Es decir, en este caso saber exactamente qué hiere al otro, para solo dejarle escuchar aquello que quiere oír de tu parte. Así mismo, se ha de saber ocultar lo que ronda por tu mente, o hacerte creer a ti mismo realidades opuestas. Aquí se corre el riesgo de la traición del método y de tu razón. Como es mi caso.
Yo he fallado en este aspecto, puesto que dada mi incapacidad para ponerme en el lugar de los demás en el momento oportuno, y llevándome por la enorme necesidad de dejar constancia de mi amargo momento de desamor y tristeza, he sacado a la luz cosas que jamas debí sacar. Y es que la persona que es protagonista de ello lo ha visto, y no ha dicho nada. En conclusión podría sacar mas de una teoría, pero seguramente sea la mas simple, no le ha gustado lo que ha visto. Estoy mas que convencida de ello.
Por ende, una vez hecho el daño, no hay vuelta atrás. Soy mala, egocéntrica y auto compasiva. Pero... sigo sin arrepentirme de ello. Solo se como pienso yo, y mi yo me dice que la sigo queriendo. Se acabo. Solo me queda seguir refinando el método hasta que las posibilidades de fracasar de este se reduzcan al mínimo.
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